Atención primaria de salud. Una mirada que debemos recuperar

“En serio vas para aquél lado? Y qué tenés que hacer por allá? Mirá que es una zona medio complicada”

El taxista no podía salir de su asombro cuando le dije el destino del viaje. Es que los prejuicios siempre están presentes a la hora de pensar que en Córdoba Capital, con su millón y medio de habitantes, todavía hay zonas donde los colectivos no pasan, los servicios de emergencia no entran y su gente queda sin muchos servicios que cualquiera de nosotros daría por sentado. Estos Prejuicios se basan, como todos, en el desconocimiento, porque hay tantas realidades como habitantes en la ciudad.

Una vez me contaron que en un laboratorio en Barrio Maldonado, hace un tiempo, los bioquímicos hacían fichas para conocer datos de relevancia clínica del paciente pero que también servían como “excusa” para conocer un poco más sobre la persona en sí, de su familia y del mundo que lo rodeaba, su situación de vida, ocupación, cantidad de hijos, nivel educativo, sus ideas, costumbres, inquietudes, etcétera, y a partir de eso, muchas veces surgían diálogos interesantes y el profesional podía hablar en confianza e intercambiar información relevante para el cuidado de la salud en cada caso particular. Esto me puso pensar en la importancia del laboratorio en la atención primaria de salud (APS) como contribución a la promoción de la salud. La importancia del concepto de cercanía y vínculo con la población, en los barrios.

Por lo general en los laboratorios grandes el contacto es mínimo. El paciente toma un rol pasivo frente al rol activo del profesional y el intercambio muchas veces se reduce a la toma de muestra. Esa diferencia con los laboratorios más pequeños, donde no hay tanta tecnología dura pero que representan una oportunidad para el desarrollo de otro tipo de tecnologías, las “tecnologías blandas”, las actitudinales, las de construcción del vínculo a través de la confianza y el diálogo, donde el contacto con el paciente tiene ese significado y potencialidad. La de conocer la situación familiar y de vida en la que se desarrollan las formas de estar sanos o enfermos, en estos lugares donde las muestras tienen nombre y rostro. Este fue el punto de partida de la charla con la Dra. Ana María Olivi. Ella es la bioquímica a cargo del laboratorio del Centro de Salud Número 58 de Barrio Maldonado y me cuenta que en atención primaria lo que se busca es hacer un screening de los pacientes para que no lleguen a un hospital y haya mucha demanda.

“Acá se brinda los servicios esenciales de una primera atención. Hace unos años llegábamos a conocer muchos aspectos de la vida de los pacientes como la familia, su situación general. La gente necesita hablar y comunicarse, no viene acá a hacer un chequeo y listo. En realidad lo que necesita es comunicarse. Nos quedamos a charlar cuando vienen a buscar los resultados de los análisis, le preguntamos qué le está pasando, por qué se lo hace. No así en un hospital donde no se conoce tanto a la gente que va, acá terminamos por conocer a la gente ya que todos los que vienen son de las cercanías, padres, madres, hijos, abuelos, etc.”

Además del laboratorio en el Centro de Salud, de jurisdicción municipal, hay otros servicios como odontología, clínica médica, trabajadores sociales, y en una articulación con la Provincia un equipo de salud mental.

“De acuerdo a lo conversado con el paciente se puede recomendar cuál es el próximo paso a seguir, derivarlo a un servicio puntual por ejemplo, hacerle un seguimiento. Si citamos a un paciente y tiene algún inconveniente para, por ejemplo, retirar un resultado, como tenemos los datos de la entrevista previa que le hacemos, en ocasiones vamos hasta su casa, consultando al asistente social que tenemos. Es una buena manera de hacer este seguimiento. Acá en el dispensario tenemos un lindo equipo interdisciplinario y la mejor manera es el trabajo en conjunto”.

El laboratorio y su equipo de profesionales también forma parte del CEPAT (Centros de Prevención, Asesoramiento y Testeo en VIH y Sífilis). Este programa tiene como objetivo llegar a distintos lugares de la ciudad y provincia para realizar testeos con el objetivo de detectar infecciones de transmisión sexual llevándose a cabo, a su vez, tareas de concientización.

“Llegamos a distintos lugares donde no hay laboratorios. Por ejemplo, atención primaria tiene 98 centros de salud de los cuales solamente 4 tienen laboratorio.  Se han determinado días y horarios para que cada equipo salga con el móvil hasta cada centro de salud. A nosotros nos toca, por ejemplo, Parque República, Las Violetas, Villa la Tela. Entonces aparte del testeo se hace un asesoramiento, se habla con el paciente para ver si surgen dudas, se explica la importancia de hacerse el el testo, del uso del preservativo. A partir de esto consultamos sus datos para extraer una segunda muestra de ser necesario y si detectamos resultados positivos se cita al paciente desde Preventiva para hacerle todas las pruebas y posterior tratamiento y seguimiento. Siempre necesitamos extractores,  bioquímicos, técnicos, todos son invitados a participar de estas campañas y por suerte, con cada vez más frecuencia, vemos que la gente se acerca para averiguar y preguntar con interés de hablar y sacarse dudas, esta es una verdadera satisfacción.”

Mientras la Dra. me cuenta sobre el programa de testeos, me tomo un momento para observar el laboratorio. Al microscopio lo acompaña una maquina de baño de maría, una estufa de cultivo, una pequeña heladera e infinitos cuadernos y anotadores que se acumulan en los estantes. A veces la falta de insumos y la tecnología obligan al bioquímico a volver a prácticas un tanto más artesanales, o algo menos automáticas, si se quiere.

“Si no contamos con un contador hematológico, porque a lo mejor el argumento es que no hay suficientes extracciones para que sea útil el aparato, entonces lo que hacemos nosotros es manual. Contar los blancos en cámara, hacer la fórmula, hacer un hematocrito. Todavía se usa, y este concepto de que la tecnología suplante al bioquímico. Una máquina no puede funcionar sola sin que se la programe y sólo puede hacerlo alguien que entienda. Sí puede ayudar a agilizar en un lugar grande como un Hospital, ante tantas muestras, pero siempre tiene que estar supervisado por un entendido como el bioquímico. El conocimiento que tiene el bioquímico llegada la necesidad puede llevar a hacer el trabajo de manera manual. Se corrobora manualmente, por ejemplo un contador hematológico si uno en el microscopio no ve el extendido no se puede corroborar el resultado del aparato.”

Dra. Ana María Olivi

Llega la hora del último mate y toca despedirse. Me voy de Barrio Maldonado pensando en la importancia de la construcción del vínculo. Ese que hace que la gente venga de nuevo, que confíe. La persona necesita confiar en el profesional y por ahí la confianza con el bioquímico puede ser incluso la puerta de entrada para poder solucionar otros problemas de salud. Por ejemplo, para ingresar a una mujer al programa de salud sexual y reproductiva o, como mencionaba la Dra. Olivi, que las personas se animen cada vez más a participar de los programas de testeo de Infecciones de Transmisión sexual.

Ideas que dan vueltas en la cabeza mientras emprendo el viaje de regreso de ese lugar tan cerca y a la vez tan lejos…

A cuatro kilómetros del centro.

Prensa CoBiCo

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