Entrevista a María Elena Gentile, bioquímica pionera en las extracciones y determinaciones por micrométodos en Córdoba

María Elena Gentile de Armelini, egresada de la Universidad Católica de Córdoba en Farmacia y Bioquímica -M.P. N. 178-. Fue Jefe de laboratorio de la cátedra de pediatría en esa casa de estudios y se desempeñó en el Hospital de Niños.  

– ¿Cómo fue que comenzó por interesarse en métodos que no eran tradicionales en los laboratorios de nuestra provincia?

En el año ´67 mientras estaba como titular de la cátedra de pediatría de la Universidad Católica, nos ofrecen a mí y a mi esposo, Dr. Pedro Armelini, quien estaba en el servicio de pediatría, una beca a Holanda para continuar formándome en la especialidad. En una oportunidad, al poco tiempo de estar ahí, me llama el Jefe del Laboratorio y me avisa que iban a llegar desde la India 150 mujeres embarazadas para realizarles estudios de gases en sangre con un nuevo aparato que acababa de llegar de Suecia. La idea era poder analizar el sufrimiento fetal del recién nacido durante el parto. Con ayuda de los cirujanos, realizábamos las extracciones de la fontanela de los bebés y analizábamos los gases para ver cuánto oxígeno y cuánto anhídrido carbónico tenían. Un trabajo muy interesante. En mi estadía allí, yo había visto los métodos de extracción a los recién nacidos y lactantes y me llamó mucho la atención que no usaban las venas, les sacaban sangre del talón y, cuando eran un poco más grandes, del dedo. Acá en el Hospital de Niños era tremendamente difícil sacarle sangre a un niño desnutrido y deshidratado que estaba con suero, entonces comencé a enviarle las notas de lo que hacíamos al jefe del servicio en el Hospital de Niños, Dr. Segura, quien rápidamente se hizo eco de estos métodos para extracción en micrométodos o microanálisis. No podían creer que en un tubito así (sic), que llenábamos con goteo podíamos hacer los análisis. Así me empezaron a llamar de muchas clínicas para realizar extracciones a bebés para analizar el medio interno, sodio, potasio, cloro etc, gases en sangre, bilirrubina, entre otras determinaciones.

En el ´73 asisto a un Congreso de Pediatría en Iowa, Estados Unidos. Ahí observé el gran desarrollo para micrométodos que tenían. Con ayuda de la Universidad Católica logré conseguir una nueva beca para trabajar en el laboratorio de la Universidad de Iowa. En esa oportunidad también llevamos a cabo investigaciones de lípidos, para analizar las sustancias grasas de la sangre. Mayormente hicimos estudios de lipidograma por electroforesis, donde introducíamos la gota de sangre en una lámina de Agar, luego la colocábamos en un aparato e íbamos discriminando todas las sustancias grasas para poder observar cada fracción. Así que tuve que investigar este campo, que también era muy nuevo y acá no existía. Volvimos a Argentina para seguir trabajando en el Hospital de Niños y aplicar todo lo que fuimos aprendiendo.

– La relación del profesional con la tecnología dentro el laboratorio ha sido un eje muy debatido. ¿Cómo considera que esa relación se determina actualmente?

Hoy casi todos los procesos en un laboratorio son automatizados. Los laboratorios muy grandes, con alrededor de mil pacientes por día tienen todo automatizado, y es lógico si se lo piensa en términos de acelerar los tiempos para cubrir tanta demanda, sin embargo todavía tenemos muchas cosas que hacer de forma manual. Por ejemplo, hay dos tipos de glóbulos blancos que los aparatos tienen dificultades en identificar, los confunden, por eso en mi caso tenemos dos microscopios y los trabajamos con microscopia manual. Así que por más avanzados que sean los aparatos, los procesos no deben ser siempre totalmente automáticos. Cuando el bioquímico ve el resultado del instrumento debe contrastar con los antecedentes del paciente, con el diagnóstico del médico para ver si esos resultados son libres de alguna falla. Si el bioquímico se equivoca, se equivoca el médico en el diagnóstico. El médico depende en mucho de lo que le dice el bioquímico, entonces hay que controlar todos los informes y hay que contrastarla aunque tengamos que extender el vidrio, colorearlo y verlo en el microscopio. A pesar de toda la automatización, hay partes que siempre deberán ser revisadas en el microscopio, por eso nunca la tecnología por sí sola podrá reemplazar al profesional.

– ¿Cómo cree usted que fue evolucionando con los años el papel del bioquímico en el equipo de salud?

– El papel del bioquímico dentro del equipo de salud siempre ha sido, de alguna manera, discriminado por los médicos. Nosotros entregábamos el sobre con los resultados y no podíamos opinar ni aconsejar al paciente porque el contacto con el médico era más cercano. Sin embargo, con los años, la relación médico-paciente fue perdiéndose. La atención ya no es de una hora sino de minutos, es por eso es que el protagonismo del bioquímico ha cambiado.

Ahora cuando el paciente llega al laboratorio necesita saber hacia dónde se orientan los resultados de su análisis ya que, la mayoría de las veces, el próximo turno con el médico puede prolongarse incluso meses. Entonces ahora el bioquímico tiene un papel muy importante en ese sentido. El paciente viene y pregunta cómo le dieron los análisis, si hay o no infección, etc. y se le puede aconsejar, por ejemplo, que vaya a una guardia si es necesario o algunas precauciones que debe tomar. Siempre recordando que el tratamiento será dado por su médico, pero es una instancia útil para ir guiando al paciente en algunas cuestiones propias de cada patología.

– ¿Qué mensaje le daría a las nuevas generaciones de profesionales?

– Comenzaría por que siempre tengan presente la importancia de la relación con el paciente. Por ejemplo, hace poco tuve el caso de una chica de 18 años recién cumplidos, con diabetes con bomba de insulina aplicada. Cuando le realicé los análisis y me encontré con una glucosa de casi 400, incluso con la bomba, y con el suero lechoso quería saber qué pasó. Llamé a la madre y le conté la situación, debía informarlo y así pudimos profundizar sobre su dieta y aspectos de su vida de índole más personal. Este contacto con el paciente no se tiene que perder jamás.

Por otro lado les diría a los más jóvenes que deben hacer la Residencia, deben estudiar, especializarse, deben siempre seguir formándose. Hay que especializarse para poder trabajar como se debe y no ir a hacer una guardia para sólo buscar experiencia. En mi época uno no pensaba tanto en ganar dinero sino en formarse, por más que la plata no alcanzaba mucho, lo importante es siempre seguir aprendiendo, el resto viene solo. La parte científica de nuestra profesión es muy rica también, es necesario conocerla.

Por último deben tratar de quedarse en el país, si pueden lograr una beca para trabajar en el exterior ayuda mucho a abrir un panorama, pero en lo personal a mí me formó la Universidad, me dio muchas cosas importantes entonces decidí quedarme a trabajar acá porque sentí que necesitaba devolver todo lo que se me enseñó.

Prensa CoBiCo.

 

Comentarios (2)

Nora Vilches

Jul 15, 2019 at 1:10 PM

Excelente nota, yo iniciè mi pràctica profesional con la Dra. “Malena” Gentile en el Laboratotio de Micromètodos del Hospital de Niños. Tengo el recuerdo imborrable de su compromiso con la profesiòn , de la exigencia en la calidad de los resultados, de su inquietud por generar proyectos , por aprender siempre . Mi total agradecimiento a ella porque fue la base de mi desarrollo como profesional. Y gracias al Cobico por poner a disposiciòn de los y las colegiados/as estos testimonios.

Rosa Ana Musali

Jul 22, 2019 at 9:53 PM

Excelente mensaje para las nuevas generaciones, ojala muchos asuman los nuevos roles q exige la sociedad . Estar más cerca del paciente, ayudandolo a comprender mejor sus resultados y dándole herramientas para gestionar mejor su salud.

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