Entrevista al Dr. César Eynard, profesional con una sólida trayectoria académica y una activa participación institucional

En ocasión del centenario de la carrera de Bioquímica, entrevistamos al Dr. César Eynard, Profesor Emérito de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), fue investigador y docente de la FCQ-UNC y de la UCC en Bacteriología Clínica. Secretario del CoBiCo entre 1982 – 1988 y entre 1997-2000. Desde ese año, y hasta el 2006 presidió el Colegio. Asimismo, participó de la Asociación de Bioquímicos de Córdoba desde 1993 y hasta 1998.

– ¿Podría contarnos cómo nace la carrera de Bioquímica?

– Hacia 1919 el Dr. Juan Antonio Sánchez, que no era médico sino Dr. en Química, ya tenía un lugar en la UBA (Universidad de Buenos Aires). Era profesor titular de Química Analítica de Medicamentos en la Escuela de Farmacia, incorporada en ese entonces a la Facultad de Medicina. A él se le ocurre diseñar una carrera que fuera como un ensamble entre los conocimientos farmacéuticos y los conocimientos clínicos puros, y para eso se asoció con un médico visionario, el Dr. Osvaldo Loudet, médico y profesor de Clínica. Ellos hicieron una primera presentación en 1918 que falló por que el Consejo Superior de la UBA no lo quiso aceptar, pienso que por celos profesionales y por una cofradía médica muy fuerte en ese tiempo. Como sea, en Diciembre de 1919 presentaron nuevamente el proyecto que esta vez fue aprobado, habían arreglado con el Dr. Loudet presentarlo en la última sesión del Consejo para asegurar que no lo iban a “rebotar” como el año anterior. “En la última sesión del Consejo Superior, a dos semanas de las fiestas de fin de año, ya todas las resoluciones tienen olor a sidra y a champagne”, decía Sánchez. Claro, deben haber ido la mitad de los consejeros médicos y la otra mitad estaban pensando como se iban a agasajar. Entonces el proyecto pasó medio como escondido.

Acá en Córdoba hubo mucha más resistencia, recién en marzo de 1936 se logra la autorización de la nueva carrera y se comienzan a dictar los dos años que debían cursar los farmacéuticos, con misma currícula de Sánchez y Loudet. La separación de Bioquímica de la Facultad de Ciencias Médicas se lograría casi cuarenta años después, cuando se crea el Instituto de Ciencias Químicas y después la Facultad. En esa época había que traer gente de Buenos Aires, por ejemplo, el Dr. Víctor Arreguine, que dictaba Bioquímica Clínica, el eje de la carrera.

De acuerdo a su experiencia ¿Cómo cree usted que ha evolucionado la profesión en el correr de los años?

– Hoy día la profesión se mantiene más o menos con los cánones que yo le llamo de la posguerra, o sea lo que viene de Europa del año ´46 en adelante. Se mantuvieron más o menos los conocimientos que fueron más allá de lo que podía responder el equipamiento tecnológico, que fue nuestro gran limitante. El enorme salto ocurre en los años ´80 para nuestro país. Se incorporan equipos nuevos, algunos incluso de origen nacional. Se incorporan los primeros ordenadores, que eran desconocidos para la profesión, acoplados a los equipos de medición lo cual abrió una etapa nueva. En los años ´60 por ejemplo un Espectrógrafo de Masa o un aparato de HPLC (Cromatografía líquida de alta calidad) lo conocíamos solo por fotos. “Miren esto funciona así” y nos lo dibujaban en la pizarra, pero nunca habíamos visto ninguno. Ahora se trabaja con absorción atómica por ejemplo, eso era chino básico para nosotros.

Viendo a través del medio siglo de ejercicio o un poco más que hemos tenido nosotros, siempre el bioquímico debe formar parte del equipo de salud y estar en estrecha comunicación con el médico, con nutricionistas, con fisioterapeutas, etcétera, esa es la única manera de aprovechar los conocimientos de cada profesional. Aquel criterio del bioquímico en solitario era una necesidad en aquel tiempo, pero ahora no tendría sentido, seria un desperdicio. Se crece muchísimo en el equipo interdisciplinario y más aún con las especialidades, que comenzaron siendo 5 y ahora hay más de 15.

Este enorme desarrollo que ha tenido la Bioquímica, a través de las las especialidades, siempre fue de la mano de las necesidades y requerimientos sociales. Por ejemplo en el área alimenticia, desde aquellas primeras nociones bromatológicas, hasta ahora donde se han incorporado análisis de efluentes, análisis con chequeo continuo atmosférico (el estudio de la polución ambiental urbana y rural), el estudio de los tóxicos en las fumigaciones. Todo eso se puede hacer ahora porque se dispone, además del especialista, que es indispensable que sea bien formado, del equipamiento necesario.

Usted menciona reiteradas veces la tecnología como condicionante de las acciones de laboratorio, en el sentido de posibilitarlas o limitarlas. Sin duda este vínculo es fundamental en la profesión.

– Totalmente. Los primeros laboratorios eran muy rudimentarios, por ejemplo, se trabajaba con microscopios monoculares o con tubos de comparación con colorantes, se comparaba una muestra de sangre diluida con una solución y según un protocolo muy estricto, el color que daba se comparaba con otros dos o tres tubitos que venían fabricados desde Francia. Entonces de acuerdo al ojo del operador uno podía saber si el paciente estaba muy anémico y necesitaba una transfusión, por ejemplo. El error, siempre de acuerdo a la apreciación del bioquímico, podía ser hasta el 30 por ciento, era un espanto (risas). Imaginate que los equipos nuevos se autocorrigen cuando el error supera el 0.5 por ciento, es otro universo.

En nuestra época se podían pedir pocos análisis, por ejemplo nos pedían análisis de estrógeno, para estudiar la esterilidad de algunas mujeres y saber si el sistema hormonal de la mujer estaba trabajando a valores normales o estaba deprimido. Para lograr extraer una muestra de una alícuota de orina, nos llevaba una mañana de trabajo. Esto por la cantidad de pasos previos, con ampolla de decantación, evaporador. La emoción que teníamos cuando lográbamos sacar de casi un cuarto de litro de orina, uno o dos miligramos. Eran como dos granitos de azúcar transparente en el fondo de la ampolla que luego mezclábamos con un reactivo y daba un color rojo violáceo proporcional a la concentración de esos cristalitos. Era una laboriosidad increíble, todo trabajoso, pero con mucha dedicación. Hoy esa determinación por ejemplo, un lector de quimioluminiscencia lo hace en ocho minutos… y con mucha más precisión.

Pero nadie pretende que volvamos a eso, a lo artesanal, porque sería inaplicable por los costos y el creciente volumen de trabajo, pero tampoco que nos vayamos a una automatización fría sin validación. Al margen que los aparatos hoy hagan todo y con altísima precisión, siempre la validación la tiene que hacer un bioquímico. Deshumanizar el ejercicio profesional es algo que siempre debe preocupar. El profesional es el que está absolutamente capacitado e informado y eventualmente, especializado para realizar la validación, es decir, brindar el certificado de autenticidad de los resultados que la máquina expresa. Después de todo la máquina es sólo eso, una máquina.

– ¿Cómo ve la profesión a futuro?

– A futuro la Bioquímica puede ser tanto o más protagónica de lo que fue en los últimos cincuenta años, pero con dos condicionamientos importantes: Mantener la especialización sobre la currícula en las áreas que sean más requeridas, que ahora son muchas. Lo que mencionaba antes, los análisis de efluentes, atmosféricos, de alimentos, de drogas de abuso. Es decir, lo que llamamos bromatología, toxicología, virología. Por ejemplo, en Bioquímica tenemos quizás la especialidad más avanzada dentro de las especialidades del área clínica que es inmuno-oncología, esa es una especialidad interesantísima. El otro condicionamiento es que no debemos quedarnos en el bioquímico enciclopédico básico, solito trabajando en Chuña Huasi (sic). Debemos estar incorporados al equipo de salud, sin invasión de roles, pero sí con la máxima dedicación. Y si está preparado en alguna especialidad en la que ese equipo esté trabajando, el bioquímico es indispensable.

Hace no mucho, en expresiones poco desdichadas de algunas autoridades universitarias que no dejaron de preocuparnos, se sugirió la necesidad de reveer la carrera de Bioquímica, porque cualquier máquina puede hacer los análisis de máxima complejidad. Esto, creo yo, es resultado de una visión sesgada y muy limitada de lo que es nuestra profesión y ¿sabe quiénes  son los principales culpables? Nosotros, porque nos demoramos mucho en asumir nuestra integración al equipo de salud y de hacer trabajos multidisciplinarios. Tendríamos que haber empezado antes, pero lo vamos logrando, creo que el camino es correcto y vamos bien.

A los jóvenes les digo que aprovechen esta oportunidad extraordinaria que les ofrece el mundo en que les toca vivir. Los requerimientos de ese mundo y la necesidad que va a haber de profesionales bien formados en lo suyo, es decir en ciencia y en conciencia, y sobretodo muy humanizados.

Prensa CoBiCo.

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